Durante décadas, cuatro marcadores han guiado la prevención e intervención a nivel cardiovascular: colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos.

Si bien son valores que siguen siendo relevantes, en los últimos años se ha ampliado el conocimiento sobre nuevos marcadores que pueden ayudar a cardiólogos, lipidólogos, endocrinos y médicos de cabecera a valorar de un modo más preciso el riesgo cardiovascular de una persona.

El que hoy me ocupa (y preocupa, todo sea dicho) es la lipoproteína(a) o Lp(a).

Fue identificada hace más de 50 años, pero hasta no hace tanto, apenas se incluía en la práctica clínica ni en las analíticas de rutina, incluso en personas con riesgo elevado. Por eso a menudo se le llama “la lipoproteína olvidada”.

Hoy sabemos que la Lp(a) es un factor de riesgo cardiovascular independiente, determinado casi por completo por la genética, y que puede estar elevado incluso en personas con un estilo de vida saludable y un colesterol LDL perfecto.

Por eso se recomienda medirla al menos una vez en la vida: una prueba sencilla (se mide en sangre) disponible en la mayoría de centros de salud y laboratorios que puede aportar información importante para la prevención cardiovascular.

Qué es la Lp(a) y por qué importa

La Lp(a) es una partícula parecida al LDL, pero con una proteína adicional llamada apolipoproteína(a). Este “detalle extra” hace que se comporte de manera distinta:

  • Tiene más facilidad para depositarse en la pared arterial.
  • Aumenta la inflamación vascular.
  • Transporta fosfolípidos oxidados (grasas alteradas que favorecen el estrés oxidativo).
  • Interfiere con el plasminógeno (proteína precursora de la plasmina, que ayuda a disolver coágulos sanguíneos) y puede aumentar la tendencia a formar trombos.

Estudios genéticos apuntan a que la Lp(a) es entre 5 y 6 veces más aterogénica que el LDL en cantidades equivalentes.

Además, no sólo importa cuánto Lp(a) tenemos, sino qué tipo de partícula: las isoformas pequeñas de apolipoproteína(a) se asocian con niveles más altos y mayor riesgo cardiovascular.

Otro aspecto a tener en cuenta es el “suelo genético” de la Lp(a): al parecer (y hasta que un medicamento consiga lo contrario) cada persona podría tener un nivel mínimo determinado genéticamente que no puede reducirse con dieta, ejercicio ni medicación convencional. Por eso, aunque mejores tus hábitos y controles otros parámetros, tu Lp(a) tiende a mantenerse estable en su valor base.

Lo que sí puede ocurrir es que se eleve en determinados contextos: inflamación, enfermedad, declive estrogénico (esto último me pasó a mí y conseguí corregirlo), etc.

En resumen: puedes tener la Lp(a) elevada y conseguir reducirla, pero si no baja de un determinado valor, probablemente ese sea tu suelo genético.

niveles normales y niveles elevados

Importante: la Lp(a) puede medirse en mg/dL o en nmol/L. Fíjate bien en las unidades y los valores antes de llevarte un susto.

El umbral más aceptado es 50 mg/dL (125 nmol/L en otras unidades). Por encima de este valor, el riesgo cardiovascular aumenta de forma significativa, incluso si el LDL está controlado y no hay otros factores de riesgo aparentes.

Se calcula que el 20 % de la población mundial presenta Lp(a) elevada, con algunas diferencias según la etnia.

En otras palabras, aproximadamente 1 de cada 5 personas podría tenerla alta sin saberlo, lo que la convierte en un factor de riesgo bastante común y que merece atención dentro de un chequeo de salud cardiovascular, del mismo modo que revisamos el colesterol o la presión arterial.

Una Lp(a) alta se traduce en más riesgo real de enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo:

  • Infarto de miocardio: la Lp(a) favorece la formación y la ruptura de placas de ateroma en las arterias coronarias, aumentando la probabilidad de un coágulo y, por tanto, un infarto.
  • Ictus isquémico: el mismo mecanismo puede darse en arterias cerebrales, elevando el riesgo de accidente cerebrovascular.
  • Aterosclerosis generalizada: no se limita al corazón o al cerebro; también puede afectar carótidas y arterias periféricas.
  • Estenosis de la válvula aórtica: sorprendentemente, se asocia con una calcificación progresiva de esta válvula, que puede terminar estrechándose y requerir cirugía.
  • Preeclampsia en el embarazo: las mujeres con Lp(a) elevada tienen más riesgo de desarrollar preeclampsia, una condición de hipertensión y daño orgánico durante la gestación.

Solicitud de análisis y cribaje poblacional

La recomendación actual de la Sociedad Europea de Cardiología y de la AHA es medir la Lp(a) al menos una vez en la vida. Se aconseja hacerlo especialmente si:

  • Hay antecedentes familiares de infarto o ictus a edades tempranas.
  • Existe hipercolesterolemia familiar.
  • Hay enfermedad cardiovascular a pesar de tener un LDL controlado.
  • Hay calcificación valvular o coronaria.
  • En mujeres con antecedentes de preeclampsia o complicaciones cardiovasculares durante el embarazo.
  • Algún familiar directo tiene la Lp(a) elevada.

Se habla ya incluso de un gran cribaje poblacional, también en niños (la primera vez que se les haga un análisis) y población joven, porque al ser un factor genético, si está por encima de 50 mg/dL (125 nmol/L), siempre lo estará.

Estudios recientes han mostrado que añadir la puntuación de calcio coronario (CAC score) a la evaluación mejora la predicción del riesgo: personas con Lp(a) > 50 mg/dL y CAC ≥ 100 tienen un riesgo significativamente más alto de eventos cardiovasculares.

Tratamientos actuales

Actualmente no existe un tratamiento específico aprobado cuyo único objetivo sea reducir la Lp(a), por eso el manejo clínico se centra en reducir el riesgo global y prevenir que esa predisposición genética se traduzca en enfermedad cardiovascular.

Estatinas: reducen el colesterol LDL y la ApoB de forma eficaz. Aunque pueden aumentar ligeramente la Lp(a), siguen siendo la base del tratamiento por su capacidad para disminuir la inflamación arterial y los eventos cardiovasculares.

Ezetimiba: complemento habitual cuando con estatinas solas no se alcanza el objetivo de LDL. Actúa bloqueando parcialmente la absorción de colesterol en el intestino, mejorando el perfil lipídico global sin afectar directamente a la Lp(a).

Inhibidores de PCSK9: fármacos inyectables que reducen el LDL hasta un 60 % y la Lp(a) un 20–30 % (PMC 11607505). Son especialmente útiles en personas de alto riesgo o con hipercolesterolemia familiar, pero tengo entendido que son caros y no es fácil que sea la primera opción que te recete el médico.

Aféresis lipídica: en casos extremos (Lp(a) muy alta y eventos cardiovasculares repetidos), se utiliza un procedimiento similar a la diálisis que filtra la sangre y elimina partículas lipídicas, incluida la Lp(a). Es eficaz pero caro e invasivo, reservado a situaciones muy concretas.

Terapia hormonal: estrógenos o testosterona pueden reducir modestamente la Lp(a), pero por ahora su uso con este fin no está indicado de forma general.

En mi caso personal, el uso de terapia hormonal (estrógenos por vía dérmica + progesterona oral) hizo que mi Lp(a) regresara a su suelo genético, que ronda los 81.2 mg/dL (203 nmol/L), después de un par de años con valores de 140 mg/dL.

Estoy convencida de que fue gracias a la terapia hormonal (los estrógenos en concreto, aunque ya sabes que si tienes útero, tienes que añadir progesterona) porque anteriormente había logrado reducir mi colesterol total y LDL con intervención dietética (pronto ampliaré este tema), pero la Lp(a) se mantenía inamovible.

Por ahora no estoy tomando ningún otro fármaco para controlar LDL o ApoB, aunque no lo descarto.

Terapias emergentes

Por primera vez, la investigación médica se está enfocando en fármacos diseñados específicamente para reducir la Lp(a). Son terapias de alta precisión genética que, en estudios muy recientes, han logrado reducciones impresionantes de entre el 80 % y el 95 %.

  • Pelacarsen (AKCEA‑APO(a)‑LRx): bloquea la producción de apolipoproteína(a) en el hígado mediante un oligonucleótido antisentido (ASO). En fase 2, redujo la Lp(a) un 80 % con solo una inyección mensual. El ensayo de fase 3 HORIZON podría confirmar si además reduce infartos e ictus.
  • Olpasiran (AMG‑890): un ARN de interferencia (siRNA) que “apaga” la producción de apolipoproteína(a) con un efecto prolongado. En el estudio OCEAN(a)‑DOSE, una inyección trimestral redujo la Lp(a) un 90–97 %.
  • Lepodisiran y otros candidatos: Lepodisiran logró reducciones del 95 % mantenidas hasta seis meses con una sola dosis. Zerlasiran, SLN360 y el fármaco oral Muvalaplin amplían el horizonte de opciones.

Otro fármaco del que se están empezando a escuchar cosas es el Obicetrapib, un fármaco experimental (aunque basado en fármaco similares anteriores) que inhibe una proteína (CETP, cholesteryl ester transfer protein), que participa en el intercambio de lípidos entre lipoproteínas. Parece ser efectivo en dosis bajas y podría reducir el LDL un 40-50 % y la Lp(a) entre un 20-30 %.

Importante: todos estos fármacos están en fases de ensayo clínico y todavía no están disponibles para uso general. Aún queda por demostrar que la reducción de la Lp(a) se traduzca en menos infartos, ictus y muertes cardiovasculares, pero el cambio de paradigma ya está en marcha.

Genial, y ahora qué hago

Respuesta madura y correcta: no entres en pánico, es un factor de riesgo más, lo importante es mantener el resto de factores de riesgo bajo control.

No fumes, cuida tu alimentación, haz ejercicio físico, mantén una composición corporal adecuada, cuida tu descanso nocturno y niveles de estrés, etc. La clave es cuidar la salud endotelial para que este factor de riesgo no se convierta en un problema.

¿Qué hice yo? No pegar ojo durante dos noches, sentirme un trombo con patas y hacerme un Máster acelerado sobre esta maldita lipoproteína.

También até cabos: mi tío, mi abuelo, mis tíos abuelos... Toda mi familia materna, en definitiva, con un sinfín de problemas cardiovasculares (algunos fatales y otros no).

Pasado el disgusto inicial, empecé a leer con más calma sobre el tema y procuro estar al día de lo que se va averiguando. Esta lipoproteína es uno de los grandes misterios de la medicina.

También me visité con un cardiólogo que me transmite confianza, el doctor Carlos Hernández, y con quien voy controlando esos factores de riesgo.

Una de sus propuestas fue hacerme un Score de Calcio Coronario (CAC). El resultado en julio de 2025 fue 1. Yo quería un cero cósmico, claro, un 1 significa que en algún momento se ha producido un error en el sistema y se ha depositado placa arterial, pero mi gran reto es mantener ese valor el máximo de tiempo posible.

  • Un CAC de 1 con 44 años (los que tenía cuando me lo hice)... pse.
  • Un CAC de 1 con 75 años, pues estará muy bien, pienso yo.

También me hice hace unos 5 años un eco Doppler de carótidas, que salió perfecto, y tengo pensado repetir próximamente. Esta es una prueba no invasiva que realiza un angiólogo en consulta y que puede valorar si hay acumulación de placa u obstrucciones en las arterias del cuello.

Y en eso ando.

Foto de Nico Ste en Unsplash. La he escogido porque me ha recordado a un árbol arterial, porque es infinitamente más bonita y evocadora que la imagen de una arteria bloqueada, y porque las personas con la lp(a) elevada necesitamos serenidad en nuestras vidas.