El uso de terapia hormonal transdérmica —como geles o espráis de estradiol y geles de testosterona— es cada vez más habitual, tanto entre mujeres en perimenopausia o menopausia como entre hombres tratados con testosterona.

Esta realidad convive con otra de índole demográfica: la edad de la maternidad sigue aumentando en España, situándose actualmente en los 32,6 años.

Cerca del 40 % de los nacimientos corresponde a mujeres que superan los 35 años de edad, y el porcentaje de madres de 40 años o más representa ya el 10,4 % del total de los nacimientos.

Esto significa que muchas mujeres van a entrar en perimenopausia o menopausia cuando sus hijos sean todavía muy pequeños, lo que suele suponer más contacto físico, más tiempo en brazos, colecho, baños juntos y muchas otras situaciones cotidianas, familiares, cariñosas y maravillosas en el seno de una familia normal.

Esta proximidad, tan sana y necesaria, debe venir acompañada de algunas precauciones cuando se utilizan determinados tratamientos hormonales que se aplican directamente sobre la piel.

Y es que se han documentado casos de niños —y también de animales— que han presentado alteraciones hormonales debido a la exposición accidental a estos medicamentos. Es lo que se conoce como exposición secundaria.

Aunque la progesterona forma parte habitualmente de la THM, suele administrarse por vía oral —y en algunos casos vaginal—. Existen también preparados tópicos de progesterona, pero disponemos de mucha menos información sobre su posible exposición secundaria. En todo caso, por precaución, aplican los mismos principios de seguridad.

Exposición secundaria

Después de aplicar determinados geles o espráis hormonales, parte del medicamento puede permanecer durante un tiempo sobre la piel y transferirse a otra persona por contacto. Esta exposición no intencionada puede ocurrir por:

  • Contacto directo piel con piel con una zona tratada recientemente.

  • Contacto con las manos sin lavar después de aplicar el medicamento.

  • Contacto con ropa u otros tejidos que hayan estado directamente en contacto con la piel tratada y donde pueda haber quedado medicamento.

  • En el caso de los animales de compañía, por contacto con la zona de aplicación y, especialmente, si la lamen.

Un contacto puntual no significa que vaya a producirse una alteración hormonal. Lo que interesa evitar especialmente es que estas situaciones se repitan, algo que puede ocurrir dentro de la convivencia diaria sin que seamos conscientes de ello.

Síntomas

Los síntomas dependen de la hormona a la que se haya producido la exposición.

  • En niñas, la exposición a estradiol puede provocar desarrollo mamario antes de tiempo, que a veces comienza con un botón mamario, perceptible como un pequeño bulto o abultamiento bajo el pezón. Otros signos son el sangrado vaginal, la aceleración del crecimiento o el adelanto de la edad ósea. Si la exposición es a testosterona, pueden darse signos de androgenización, como vello púbico o corporal prematuro, crecimiento genital o acné.

  • En niños, la exposición a estradiol puede provocar desarrollo o aumento del tejido mamario (ginecomastia). Con testosterona se han descrito vello púbico o corporal prematuro, crecimiento genital, acné, aceleración del crecimiento o adelanto de la edad ósea.

  • En animales, se han descrito alteraciones reproductivas y genitales y, especialmente en perros expuestos a estrógenos, alopecia y signos de feminización.

Las consecuencias pueden ser serias, sobre todo si la exposición se mantiene en el tiempo, de modo que es importante extremar las precauciones, algo que, por otro lado, no es excesivamente complicado.

Se han publicado casos de desarrollo sexual precoz en niños por exposición secundaria a testosterona tópica y también de exposición accidental a estradiol.

En este último caso, publicado en 2026, una niña de cinco años estuvo expuesta al gel de estradiol que su madre se aplicaba en la parte superior de los brazos. Ambas dormían juntas habitualmente y los médicos relacionaron esa exposición con los signos de pubertad precoz de la niña.

Medidas para reducir el riesgo de exposición a la terapia hormonal transdérmica

La mayoría de estas precauciones son sencillas de incorporar al día a día.

  1. Procura aplicar el medicamento en zonas que queden cubiertas por ropa: la parte interna del muslo, la cadera, la parte alta del glúteo, etc. Atención con los antebrazos si todavía hace calor y tus brazos están expuestos, o sueles arremangarte. Por supuesto tienen que ser zonas indicadas para el uso de estos productos. Las mamas y los genitales están específicamente contraindicados, excepto en el caso de geles vaginales formulados para ese uso.

  2. Lávate bien las manos con agua y jabón inmediatamente después de aplicar el medicamento.

  3. Deja que el producto se seque por completo.

  4. Vístete para que la zona quede cubierta por ropa.

  5. Evita el contacto directo con la zona tratada mientras haya producto sobre ella.

  6. Lava la zona con agua y jabón antes de un contacto estrecho piel con piel, por ejemplo, antes de acostarte si practicáis colecho, antes de bañaros juntos, etc.

  7. Sécate con una toalla que solo utilices tú y lávala con frecuencia.

  8. Mantén los envases y aplicadores fuera del alcance de los niños, y lava los aplicadores a diario para evitar que queden restos en ellos.

¿Qué sabemos?

En un estudio con gel de testosterona, el contacto con la zona tratada aumentó la exposición a testosterona de la otra persona, mientras que cubrirla con ropa o lavarla previamente redujo mucho la transferencia.

No existe, además, un único tiempo de espera que sirva para todos los tratamientos. Un estudio reciente con gel de estradiol mostró que la cantidad transferida a otra piel disminuía mucho cuando habían transcurrido 60 minutos desde la aplicación, aunque seguía siendo detectable.

Por tanto, esos 60 minutos no pueden considerarse una frontera de seguridad. No solo porque seguía habiendo transferencia, sino porque el estudio midió el estradiol presente en la piel de la persona receptora, no cuánto llegaba después a su sangre.

Tampoco todas las formulaciones se comportan igual. En un estudio con un espray transdérmico de estradiol, por ejemplo, no se encontró una transferencia sistémica significativa. Pero los resultados de un producto no pueden trasladarse automáticamente a otro.

Por eso, además de estas precauciones generales, hay que consultar las instrucciones del producto concreto que se utiliza. Los tiempos de espera y las indicaciones sobre cuándo cubrir o lavar la zona pueden variar de uno a otro.

Sin duda, más vale extremar el cuidado.

Consideraciones para animales de compañía

En el caso de los animales de compañía hay que tener en cuenta, además, que pueden lamer directamente la zona de aplicación o entrar en contacto con ella durante la convivencia habitual.

Una revisión sobre exposición secundaria a tratamientos hormonales recoge casos también en animales, y se han descrito casos de perros expuestos al gel de estradiol de sus propietarias que desarrollaron alopecia extensa. Afortunadamente, recuperaron el pelo después de reducir la exposición.

Aunque no sabemos con qué frecuencia, sabemos que puede ocurrir. Por eso, si convivimos con animales, hay que evitar que tengan acceso a la zona donde se ha aplicado el medicamento, especialmente si pueden lamerla.

Si aparecen cambios físicos que puedan hacerte sospechar de una exposición hormonal, conviene comentarlo con el veterinario y contarle que en casa se utiliza este tipo de tratamiento.

Qué hacer en caso de exposición accidental

Si un niño entra en contacto con la zona donde se ha aplicado el medicamento, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) recomienda lavar su piel cuanto antes con agua y jabón.

Si creemos que el contacto puede haberse repetido o aparecen signos de desarrollo sexual que no corresponden a su edad, hay que consultarlo con el pediatra y contarle que en casa se utiliza un tratamiento hormonal que se aplica sobre la piel.

En los casos notificados de exposición secundaria a estradiol, la mayoría de los cambios han remitido al dejar de producirse el contacto. Con la testosterona también suele haber una mejoría, aunque los datos recogidos por la FDA muestran que algunos cambios físicos que ya se han producido pueden no desaparecer por completo.

Un caso publicado de exposición secundaria a testosterona ayuda a verlo con claridad. Un niño de tres años y medio llegó a tener una concentración de testosterona de 1.460 ng/dL. Dos meses después de dejar de estar expuesto a la testosterona transdérmica que utilizaba su padre, había bajado a 20 ng/dL.

Así que, cuando el contacto puede llevar un tiempo produciéndose, además de consultar al pediatra, es importante averiguar cómo está ocurriendo para poder evitar que se repita.

Los parches

Los parches también administran estradiol a través de la piel, aunque no funcionan igual que los geles o espráis. El medicamento no se extiende directamente sobre la piel, sino que se va liberando desde el parche mientras permanece adherido.

Por eso, tampoco plantean el mismo riesgo de transferencia por contacto. En experimentos de laboratorio se ha visto que puede quedar algo de estradiol sobre la piel después de retirar un parche, pero no sabemos si esa cantidad tiene alguna relevancia en el contacto cotidiano con otra persona.

Hay un detalle interesante en el caso de la niña de cinco años que hemos visto antes. Cuando los médicos relacionaron sus síntomas con el gel de estradiol que utilizaba su madre, esta pasó a utilizar un parche. Después, los niveles hormonales de la niña se normalizaron y los signos fueron remitiendo.

Esto no significa que haya que cambiar un gel por un parche por convivir con niños o animales. Pero si resulta difícil evitar el contacto con la zona donde se aplica el tratamiento, la vía de administración es una cuestión que se puede comentar con el profesional que lo ha prescrito.

Por último, es importante que, una vez retirado el parche, se mantenga alejado del alcances de niños y animales y se deseche siguiendo las instrucciones del producto.

Foto de Kateryna Hliznitsova para Unsplash.